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lección 1

Día 1 (mañana) — Bienvenida a NidoHogar

Tercer encargo, empresa nueva y un sector nuevo: el alquiler de vivienda. Conoce el portal, cómo gana dinero (suscripción, visibilidad y comisión por contrato), el embudo del alquiler, el equipo, tu rol y el stack pieza a pieza. Y la regla que ordena todo: NidoHogar gana al final del embudo, no al principio.

35 min

### Lunes, 9:30. Tu tercer encargo, y esta vez va de pisos

No es tu primer día como analista, y se nota. Traes dos encargos a la espalda: una semana metido en los datos de una tienda online y otra en los de un juego móvil. Sabes que un fichero nunca llega tan limpio como promete, que un porcentaje sin denominador al lado no vale nada, y que antes de calcular hay que preguntar «¿esto mide de verdad lo que crees que mide?». Eso ya lo llevas de fábrica. Lo que es nuevo hoy es el terreno: NidoHogar es un portal de alquiler de vivienda, y el negocio de un marketplace inmobiliario no se parece ni a una tienda ni a un juego. Aquí no se vende un producto ni se retiene a un jugador: aquí se juntan dos partes —quien tiene un piso y quien lo busca— y se cobra cuando ese encuentro acaba en un contrato firmado. Esta lección no lleva una sola línea de código, y es a propósito: antes de tocar un dato hay que entender cómo respira este negocio, porque si no, acabarás midiendo lo que es fácil de medir en vez de lo que decide el dinero.

NidoHogar nació en 2019 en Valencia, fundada por dos personas que venían de un portal inmobiliario grande y querían algo distinto: un marketplace centrado solo en alquiler, no en compraventa, más limpio y más rápido para quien busca piso. Empezó en Valencia capital, se abrió a Madrid en 2021 y hoy opera también en Sevilla y Málaga. No es un gigante: unos 70 empleados, alrededor de 4.000 anuncios activos en cualquier momento, unas 55.000 visitas a anuncios al mes y unos 18.000 contactos de inquilinos interesados. Compite con los portales grandes siendo más ágil y cuidando la relación con las agencias locales. Un marketplace, por si no has trabajado con uno, es una plaza de mercado digital: la empresa no vende pisos propios, pone en contacto a los que ofrecen (agencias y particulares que publican anuncios) con los que demandan (inquilinos que buscan), y vive de engrasar ese encuentro.

### Cómo gana dinero NidoHogar (y por qué eso lo cambia todo)

El negocio tiene tres patas de ingreso, y conviene tenerlas separadas desde el primer minuto porque tiran en direcciones distintas. La primera es la suscripción: una agencia paga una cuota mensual por poder publicar sus pisos en el portal. La segunda son los productos de visibilidad: por un extra, un anuncio sale destacado (con marco, arriba en los resultados, con hueco para más fotos) o sube en el ranking durante unos días. La tercera, la que la dirección quiere hacer crecer, es la comisión por contrato: cuando un alquiler se firma a través del portal, NidoHogar se lleva una parte, normalmente cercana a una mensualidad. Dicho de otra forma: NidoHogar gana de verdad cuando un piso se alquila, no cuando recibe visitas ni cuando alguien manda un mensaje.

Ahí está la tensión de la casa, y es la que va a marcar tu semana. El equipo comercial vende visibilidad porque es fácil de vender: una agencia paga encantada por que su piso salga destacado, y el destacado tiene números preciosos —el doble de visitas, el doble de contactos—. Pero la dirección quiere que crezca la comisión por contrato, y para eso hace falta que los pisos se alquilen de verdad, no solo que reciban más clics. Nadie ha comprobado todavía si las dos cosas van juntas: si vender más visibilidad hace que se firmen más contratos, o si solo hace que entren más mensajes que no llevan a ninguna parte. Esa comprobación, que suena de cajón y que nadie ha hecho, es tu encargo.

Tres ingresos que no tiran igual: la visibilidad se vende sola, pero solo la comisión por contrato mueve el dinero que quiere Dirección

Un apunte que explica por qué NidoHogar se centró solo en alquiler y no en compraventa, porque tiene consecuencias para el negocio y para tu análisis. Comprar una casa es una decisión de una vez en la vida, o de pocas veces: alguien entra en el portal, busca durante meses, compra y desaparece durante años. Alquilar es lo contrario: la gente cambia de piso cada uno, dos o tres años, los contratos son más cortos, y el mismo inquilino vuelve al portal una y otra vez a lo largo de su vida. Eso hace del alquiler un negocio de más rotación, más contactos y más contratos por unidad de tiempo, aunque cada operación mueva menos dinero que una compraventa. Para un marketplace que vive de la comisión por operación, el alquiler es un flujo constante de pequeñas comisiones frente al goteo de grandes comisiones de la compraventa. Y para ti significa que hay muchos datos de comportamiento —muchas visitas, muchos contactos, muchos contratos— con los que trabajar, en vez de pocas operaciones enormes.

Y una advertencia sobre el terreno en el que te metes, que ya insinuó la lista de problemas de datos: en NidoHogar no hay diccionario de datos. Un diccionario de datos es el documento que explica qué es cada campo de cada tabla —qué significa exactamente, qué valores puede tomar, qué quiere decir un vacío—. Aquí no existe: cuando alguien duda de qué es un campo, lo pregunta por Slack, y la respuesta vive en la cabeza de Diego. Esto es más común de lo que debería en empresas que han crecido rápido, y tiene una consecuencia peligrosa que vas a sufrir esta semana: nadie ha dejado escrito qué significa que la fecha de respuesta esté vacía. Sin diccionario, el significado de los datos es tradición oral, y la tradición oral se pierde. Parte de tu trabajo, aunque no te lo pidan, será dejar escrito lo que descubras, empezando por ese vacío que resultará ser el corazón del caso.

Guárdate esta frase, porque es la idea madre de la semana y todo lo demás va a colgar de ella: una visita no es un alquiler. En una tienda, quien mete algo en el carrito y pasa por caja ya te ha dejado dinero. Aquí no. Una visita a un anuncio es solo una mirada; un contacto es solo un mensaje; y ninguno de los dos paga la comisión. El dinero de NidoHogar está al final de una cadena de tres pasos que se cae en cada escalón, y casi todo el mundo en la empresa mira los dos primeros escalones —los que se ven el primer día, los que suben cuando compras visibilidad— y muy poca gente baja a mirar el tercero, que es el único que paga. Esa asimetría entre lo que es fácil de ver y lo que de verdad importa es exactamente donde suelen esconderse los hallazgos que cambian una decisión.

### El embudo del alquiler: visita → contacto → contrato

El embudo es la forma de mirar cualquier proceso donde la gente entra por arriba y se va cayendo por el camino. El nombre viene del objeto de cocina: ancho arriba, estrecho abajo. En NidoHogar el embudo tiene tres pasos. Arriba, las visitas: cada vez que alguien abre la ficha de un anuncio. En medio, los contactos —lo que en el sector se llama un lead, es decir, un interesado que da señales de vida—: de todos los que miran, algunos escriben un mensaje o llaman a la agencia. Y abajo, los contratos: de todos los que escriben, unos pocos acaban firmando el alquiler. El embudo se estrecha en cada paso, y NidoHogar cobra su comisión solo en el último, el más estrecho.

El embudo del alquiler: de 55.275 visitas a 1.169 contratos. El dinero está en el escalón más estrecho, el que casi nadie mira

Fíjate en las cifras del embudo, porque son la foto de partida de todo lo que harás esta semana. De 55.275 visitas salen 17.880 contactos, y de esos 17.880 contactos salen 1.169 contratos. Esa última tasa —contratos entre contactos— es el 6,5%, y es la que de verdad manda, porque el contrato es lo que paga. Aún no la calcules ni te fíes de ella: te adelanto que ese 6,5% global tiene una pinta perfectamente sana para un portal de alquiler, y precisamente por eso nadie ha sospechado nada. La historia de la semana no está en el total. Está escondida en cuanto ese total se parte en trozos.

Consejo de senior: cuando entres en un negocio nuevo, lo primero que tienes que aprender no es qué datos hay, sino en qué escalón del embudo gana dinero la empresa. En una tienda es la compra; en un juego gratuito es el jugador que paga; en este marketplace es el contrato firmado. Todo lo que esté por encima de ese escalón —visitas, clics, contactos— es interesante, pero es medio del camino, no el destino. Confundir un peldaño intermedio con el que paga es el error que lleva a celebrar métricas que no mueven la caja.

### Tu independencia es tu activo más valioso

Antes de entrar en la historia del sector, una idea que va a definir cómo trabajas esta semana y toda tu carrera: en este encargo tienes, de hecho, dos jefes que quieren cosas distintas. Gonzalo quiere que confirmes que el destacado funciona, porque es su producto y su plan. Irene quiere que descubras la verdad, sea la que sea. No siempre coinciden, y ahí es donde se define qué clase de analista eres. La tentación de darle a Gonzalo el número que quiere es enorme: es simpático, tiene prisa, te lo pide con buenas formas, y darle la razón es el camino sin fricción. Pero en el momento en que un analista empieza a producir los números que agradan a quien se los pide, deja de valer para nada: se convierte en una fábrica de justificaciones con apariencia de rigor, y todo el mundo acaba notándolo.

Tu valor no está en calcular —eso lo hace un programa—, sino en que se pueda confiar en que tu número es el número, venga bien o mal a quien manda. Esa confianza es frágil y se construye a base de decir verdades incómodas con datos que aguantan. La buena noticia es que a la larga te respetan más por ello, incluso quienes al principio no querían oírlo: al final del caso, el propio Gonzalo agradecerá que miraras antes de que le vendieran a toda la red un producto contraproducente. Ser el que mira donde a los demás no les conviene mirar no te hace popular en la reunión del martes, pero te hace indispensable en la del viernes. Guarda esta idea como el norte de la semana: tu trabajo no es tener contento a Gonzalo, es que NidoHogar tome una buena decisión.

### De los tablones de corcho a los portales: por qué existe tu puesto

Vale la pena saber de dónde viene este negocio, porque explica por qué hay un analista sentado donde tú estás. Durante casi todo el siglo XX, quien buscaba piso de alquiler hacía dos cosas: mirar el tablón de anuncios de la calle o del estanco, y leer la sección de clasificados del periódico, esas columnas apretadas de letra minúscula donde cada línea costaba dinero. Ahí ya existía, sin nombre, el primer producto de visibilidad: si pagabas un poco más, tu anuncio salía en negrita o con un recuadro para que destacara entre los cientos de líneas iguales. El destacado de NidoHogar es el bisnieto directo de aquel recuadro en negrita del periódico. No es una idea nueva; es una idea viejísima con una pantalla delante.

Con internet, aquellos clasificados se mudaron a los portales inmobiliarios, y ahí cambió algo profundo. En el periódico, el que ponía el anuncio pagaba y nunca sabía cuánta gente lo había leído ni cuántos habían llamado por él: el papel no dejaba rastro. En un portal, en cambio, cada mirada a un anuncio queda registrada, cada mensaje al anunciante queda registrado, y cada contrato firmado a través de la plataforma queda registrado. De repente se podía responder una pregunta que en el mundo del papel era imposible: de todo el que vio este anuncio, ¿cuántos escribieron, y de esos, cuántos acabaron alquilando? Esa pregunta —seguir a la gente por el embudo y ver dónde se cae— es la que no existía antes y la que hace falta a alguien que sepa contestarla. Ese alguien eres tú.

Lo cuento porque te dice qué se valora en tu puesto y qué no. No te contrataron para sacar el total de visitas del mes: eso lo da cualquier panel y no decide nada. Te contrataron para responder la pregunta que el papel no podía responder: ¿qué hace de verdad que un anuncio acabe en un contrato? Las herramientas con las que la contestes cambiarán con los años; la pregunta, mientras haya un marketplace que cobra al final del embudo, no.

Hay una palabra que oirás en NidoHogar y en cualquier empresa de este estilo: proptech, la contracción de «property technology», tecnología aplicada al negocio inmobiliario. Es un sector joven como etiqueta pero viejo como idea: llevamos décadas intentando que encontrar casa sea menos doloroso. Los primeros portales inmobiliarios de internet, a finales de los noventa, no eran más que los clasificados del periódico volcados a una web, con un buscador cutre encima. Su gran innovación no fue tecnológica sino de modelo: cobrar al que publica (la agencia) en vez de al que busca (el inquilino), porque el que publica es quien tiene el dinero y la urgencia de alquilar. Ese modelo —gratis para el que busca, de pago para el que ofrece— es el que sostiene a NidoHogar hoy, y es también el origen de la tensión de la casa: si tus clientes que pagan son las agencias, la tentación es optimizar para ellas (venderles visibilidad) aunque el que de verdad hace que el negocio funcione sea el inquilino al que nadie le cobra.

Lo que cambió en la última década, y lo que hace que tu puesto exista y no el de hace veinte años, es que los portales dejaron de ser un tablón digital para convertirse en un embudo medido. Antes, el portal enseñaba el anuncio y ahí acababa su papel; lo que pasara después —la llamada, la visita al piso, la firma— ocurría fuera, por teléfono, y no dejaba rastro. Hoy el contacto se hace dentro del portal (un formulario, un chat), la respuesta de la agencia queda registrada, y muchos contratos se firman con el portal de intermediario. Por primera vez se puede seguir al inquilino desde que ve el anuncio hasta que firma, y medir dónde se cae. Ese rastro completo es materia prima nueva, y hace falta alguien que sepa leerla. Sin ese rastro, el hallazgo de esta semana —que los contactos se mueren sin respuesta— sería literalmente invisible, como lo fue durante décadas.

### Un mercado de dos lados: la particularidad de un marketplace

Antes de seguir, conviene entender una rareza de este negocio que no tienen ni una tienda ni un juego: NidoHogar sirve a dos clientes a la vez, y necesita a los dos para existir. Por un lado, las agencias y particulares que publican pisos (la oferta). Por el otro, los inquilinos que buscan (la demanda). A esto se le llama un mercado de dos lados, y tiene una física propia: si no hay pisos, no vienen inquilinos; y si no hay inquilinos, las agencias no pagan por publicar. Es el clásico problema del huevo y la gallina, y todo marketplace —desde el que junta conductores con pasajeros hasta el que junta pisos con inquilinos— vive de resolverlo. NidoHogar lo resolvió creciendo ciudad a ciudad: primero llenó Valencia de pisos e inquilinos hasta que la plaza tuvo vida propia, y solo entonces abrió Madrid.

Esto tiene una consecuencia directa para tu análisis, y es sutil: NidoHogar puede optimizar cualquiera de los dos lados y creer que mejora, cuando en realidad solo mueve una parte. Vender más visibilidad a las agencias engorda un lado (las agencias pagan más), pero si eso no mejora la experiencia del inquilino —si el inquilino escribe y nadie le contesta—, el mercado no crece de verdad, solo factura más por lo mismo. La salud de un marketplace no está en cuánto pagan las agencias, sino en cuántos encuentros acaban bien: cuántos inquilinos que buscaban acaban firmando. Guarda esta idea, porque es el trasfondo de todo el caso: el Destacado Premium optimiza el lado de la oferta (más ingreso de agencias) sin tocar lo que hace que el encuentro funcione.

Un marketplace es un mercado de dos lados: necesita oferta y demanda, y su salud está en los encuentros que funcionan, no en lo que paga un solo lado

Y una última pieza del modelo de negocio que conviene fijar, porque es la que da sentido a la obsesión de Álvaro con la comisión. De las tres patas de ingreso, dos son cómodas y una es incómoda. La suscripción es cómoda: la agencia paga una cuota fija todos los meses, llueva o truene, haya alquilado o no. La visibilidad es cómoda: la agencia paga por adelantado por salir destacada, y NidoHogar cobra tanto si ese destacado acaba en contrato como si no. La comisión, en cambio, es incómoda: NidoHogar solo cobra si el piso se alquila de verdad. Es el único ingreso que obliga a la empresa a que el marketplace funcione para el inquilino, no solo para la agencia. Por eso Álvaro quiere hacerla crecer: es la pata que alinea el dinero de NidoHogar con que el sistema realmente sirva. Un negocio que solo viviera de suscripción y visibilidad podría estar podrido por dentro —inquilinos ignorados, encuentros que no cuajan— y seguir facturando tan tranquilo.

### Una empresa que mide «funciona» de tres formas distintas

NidoHogar es un buen sitio, pero como cualquier empresa que ha crecido deprisa tiene sus costuras, y hay tres que vas a notar esta misma semana. La primera es la que más ruido hace: cada área tiene su propia definición de que «un anuncio funciona», y ninguna coincide con las otras.

  1. 01.Comercial mira visitas y contactos: para Gonzalo, un anuncio con muchas visitas y muchos mensajes está funcionando, y por esa vara de medir el destacado gana de calle. Es lo que se ve arriba del embudo.
  2. 02.Producto mira los contactos respondidos: para Cristina, un anuncio funciona si genera conversaciones que van a algún sitio, no mensajes que caen en saco roto. Está a mitad del embudo.
  3. 03.Dirección mira los contratos firmados: para Álvaro, un anuncio funciona si acaba en un alquiler que paga comisión. Es el fondo del embudo, y es el único que mueve la caja que le importa.
Las tres definiciones de «funciona»: cada área mira un escalón distinto del embudo, y por eso sus números nunca cuadran

Los tres dicen «este anuncio va bien» y no se refieren a lo mismo, así que sus números nunca cuadran y las reuniones se convierten en discusiones donde cada uno tiene razón con su definición. La segunda costura: la visibilidad se juzga por lo que se ve arriba. Se celebra que un destacado tenga muchas visitas; casi nadie baja a comprobar si ese destacado acaba alquilado. Y la tercera, la que te va a dar trabajo el martes: las exportaciones llegan sucias, con fechas en tres formatos, precios escritos como texto con el símbolo del euro, zonas escritas de mil maneras y eventos duplicados. De la primera costura sale tu encargo; de la tercera, tu segundo día.

Esta primera costura —tres definiciones de lo mismo— no es exclusiva de NidoHogar; la vas a encontrar en cualquier empresa a la que vayas, y saber navegarla es media profesión. Ocurre porque cada área optimiza lo que puede medir y controlar: Comercial controla cuántos destacados vende, así que mide visibilidad; Producto controla la experiencia dentro del portal, así que mide respuesta; Dirección responde del dinero, así que mide contratos. Ninguno miente ni es tonto: cada uno mira la parte del elefante que tiene delante. El trabajo del analista es el que ve el elefante entero, porque es el único que se sienta encima de los datos de las tres áreas a la vez. Por eso tu valor no está en dominar una herramienta, sino en poder decir «vale, los tres tenéis razón en vuestro trozo; ahora os cuento qué pasa cuando se miran juntos».

Cuidado con la palabra «funciona» cuando te la diga un stakeholder. No es una palabra neutra: cada persona la rellena con la métrica que mejor le queda. Si Gonzalo te dice «demuéstrame que el destacado funciona», te está pidiendo, sin decirlo, que midas visitas y contactos, que es donde el destacado gana. Tu trabajo no es aceptar su definición, es preguntar «¿funciona medido en qué?» y, en un negocio que cobra por contrato, empujar la conversación hacia el escalón que paga. Aceptar la definición cómoda del que te pide el número es la forma más silenciosa de contar a alguien lo que ya quería oír.

### Para quién trabajas de verdad: la audiencia de la demo

Aunque el encargo te lo dé Irene y los datos te los pase Gonzalo, la persona a la que de verdad tienes que convencer el viernes es Álvaro, el CEO, y conviene tenerlo en la cabeza desde el lunes porque condiciona todo lo que haces. Álvaro no quiere ver tu código, ni tus consultas, ni cuántas grafías tenía la columna zona. Quiere saber una cosa: ¿aprobamos el Destacado Premium o no?, y por qué. Todo tu trabajo de la semana —limpiar, cruzar, calcular, comprobar— es invisible para él y debe serlo; lo único que verá es el hallazgo y la recomendación. Trabajar teniendo clara la audiencia final desde el principio te ahorra esfuerzo: te dice qué preguntas importan (las que cambian la decisión de Álvaro) y cuáles son curiosidad (las que no).

Esto tiene una consecuencia útil para no perderte en la semana: cada vez que dudes si merece la pena calcular algo, pregúntate si cambiaría la respuesta a la pregunta de Álvaro. ¿Importa el desglose por zona para decidir sobre el Premium? No mucho: es contexto. ¿Importa si el destacado convierte peor? Muchísimo: es el centro. Tener a la persona que decide en la cabeza es una brújula que te orienta entre los mil análisis posibles hacia los pocos que importan. Un analista sin esa brújula se pierde calculando todo lo calculable; uno con ella va directo a lo que mueve la decisión. Álvaro es tu norte, aunque no hables con él hasta el viernes.

### El equipo con el que vas a trabajar

En una empresa de setenta personas los nombres importan, porque media semana se gana o se pierde en saber a quién llevar cada cosa. Estos son los cinco con los que vas a tratar, y cada uno es dueño de algo distinto.

  • Irene Salas, Lead de Datos (tu mentora). Física de formación, diez años en analítica, montó la función de datos de NidoHogar casi sola. Es pragmática y directa, y esta vez te suelta más la mano que en tus primeras semanas: no te va a explicar cómo se limpia una fecha, eso ya lo sabes. Reserva su tiempo para las preguntas de verdad. Su manía: cuando le llevas un número, pregunta «¿y eso comparado con qué?», y no soporta un porcentaje sin el denominador escrito al lado. Si le enseñas que dos cosas van juntas, te pregunta «¿y no será que las dos dependen de una tercera?».
  • Gonzalo Prieto, Director Comercial (tu stakeholder principal). Veinte años vendiendo, conoce a todas las agencias por su nombre. Es quien propone lanzar un producto nuevo, el «Destacado Premium», y quien lo va a defender ante el CEO. Ya tiene la conclusión antes del análisis: «el destacado funciona, los números lo demuestran». No es mala gente; mide el éxito en visitas y contactos, y por esa vara el destacado gana. Te manda hojas con nombres como agencias_JULIO_def_(gonzalo).xlsx y las zonas escritas como le suenan.
  • Cristina Márquez, PM de Marketplace (dueña del producto Destacado). Producto digital, cuatro años en la casa. Es quien tendría que construir el «Destacado Premium» si se aprueba, y vive entre Gonzalo, que quiere venderlo ya, e Irene, que quiere ver los datos primero. Cambia lo que pide a mitad de camino, no por capricho sino porque le llegan peticiones nuevas de arriba. A media semana te pedirá «una cosita más».
  • Diego Ferreira, analista de datos (tu compañero). Ingeniería y tres años en NidoHogar. Conoce cada exportación y cada trampa de los datos del portal porque las ha sufrido todas. Es cercano y te salva de los baches. Avisa siempre de lo mismo y nadie le hace caso: «ojo con los pisos republicados, que cuentan dobles» y «cuando la fecha de respuesta está vacía no es que falte el dato, es que la agencia no contestó». Ya sospecha que «el destacado no es lo que parece», pero nunca ha tenido tiempo de demostrarlo.
  • Álvaro Nadal, CEO y cofundador (la audiencia de tu demo del viernes). Fundó NidoHogar tras años en un portal grande. Le interesa la comisión por contrato, que es el ingreso que quiere hacer crecer. Poca paciencia para lo técnico: no quiere ver tu código, quiere saber si aprobar el «Destacado Premium» o no. Después de cada gráfico pregunta «¿y esto en contratos cuánto es?».
El equipo: Irene te enseña el método, Gonzalo quiere confirmar su hipótesis, Cristina te cambiará el alcance y Diego te avisa de las trampas

Reconocerás el patrón de tus encargos anteriores: hay dos jefes de facto, la que te enseña a hacerlo bien (Irene) y el que quiere el número ya para aprobar algo que ya ha decidido en su cabeza (Gonzalo). La novedad de este caso es una tercera voz, Cristina, que te va a cambiar el encargo a mitad de semana sin mala intención: es la realidad de trabajar dentro de un equipo de producto que recibe presión de arriba. Saber que Diego es quien conoce las trampas de los datos, que a Irene se le llevan las dudas de método y que la decisión de negocio es siempre de Álvaro te ahorrará días de dar vueltas.

### El stack de NidoHogar: qué es cada pieza y para qué sirve

En una empresa de producto vas a oír una retahíla de nombres de herramientas como si todo el mundo naciera sabiéndolos. No es así: cada una resolvió un problema concreto. Al conjunto de tecnologías de una empresa se le llama el stack (la pila). No tienes que dominar ninguna esta semana; solo saber qué hace cada una y por qué existe. Y hay una idea que las ordena: los datos nacen cuando alguien usa el portal (busca, escribe, firma), se guardan en un almacén, y se miran en herramientas de análisis. Ese viaje es el mapa de la semana.

El viaje del dato en NidoHogar: nace en el portal, se guarda en BigQuery, se mira en Looker Studio o en tu cuaderno de Python y SQL
  • La web y la app (Next.js + React Native) — el portal donde las agencias publican pisos y los inquilinos buscan, visitan y contactan. Es la casa donde todo ocurre: cada búsqueda, cada ficha abierta, cada mensaje enviado pasa por aquí.
  • GA4 + un SDK propio — GA4 (Google Analytics 4) es la herramienta que cuenta el tráfico web, y un SDK es un trocito de código metido en la web y la app para registrar lo que hace el usuario. Juntos convierten cada vista de anuncio y cada contacto en un «evento» que se envía y se guarda. Son el mensajero que cuenta a la empresa lo que pasa dentro del portal.
  • El backend del marketplace + la mensajería (Node.js + PostgreSQL, chat propio) — la base de datos del negocio: anuncios, agencias, contactos, contratos. Y el chat inquilino-agencia, del que sale un dato de oro: el sello de tiempo de cuándo entró un contacto y cuándo (si es que) respondió la agencia. Ese sello es el corazón de tu semana, aunque hoy no lo sepas.
  • BigQuery — el almacén de datos (data warehouse): la gran nave ordenada donde acaban guardados todos los eventos crudos. «Crudos» quiere decir tal cual llegaron, sin limpiar. De aquí salen las exportaciones a CSV que vas a analizar. Es el equivalente al trastero ordenado del negocio.
  • HubSpot (CRM) — un CRM es una herramienta de gestión de la relación con clientes; aquí, con las agencias y su suscripción. No lo tocarás esta semana, pero es donde vive la parte comercial del negocio.
  • Looker Studio — la herramienta de cuadros de mando (dashboards) donde Dirección mira cada día visitas, contactos y contratos. Un dashboard es un panel de gráficos que se actualiza solo. Son los números «oficiales» de la casa.
  • Python (Pandas, seaborn) y SQL — lo que usas tú. Pandas para leer y limpiar las exportaciones, SQL para cruzar tablas y calcular, seaborn para los gráficos. Es tu cocina.

Y una pregunta razonable: si NidoHogar ya tiene Looker Studio con sus paneles, ¿por qué trabajas tú en Python y SQL? Porque un panel enseña lo que ya sabes preguntar. Tu encargo cruza anuncios, visitas, contactos, tiempos de respuesta del chat y contratos —cinco fuentes que en el panel no están juntas— y hay que unirlas por el identificador del anuncio y por el del contacto, y calcular tasas a mano que nadie ha calculado antes. Eso se hace bajando a los datos crudos, no en un panel de consulta. Cuando una cifra está validada, se lleva al panel; pero esta semana te quedas en la exploración: Pandas, SQL y seaborn. Y sí, para muchas preguntas una hoja de cálculo sería la herramienta correcta y más rápida; lo verás mañana, cuando toque decidir con qué abrir los ficheros.

### Tu encargo, traducido a preguntas

Irene te lo resume en la reunión de arranque: «Comercial quiere lanzar un producto nuevo, el Destacado Premium, y vendérselo a toda la red de agencias el próximo trimestre. Gonzalo está convencido de que el destacado es lo que hace que los pisos se alquilen, y tiene números: el doble de visitas y el doble de contactos. Antes de que vendamos nada, Álvaro quiere una respuesta a una pregunta que suena tonta y que nadie ha medido: los pisos destacados, ¿se alquilan más, o solo reciben más clics? Ese es tu encargo. Y recuerda: NidoHogar no gana con las visitas, gana con la comisión cuando un piso se alquila. Así que funciona no es tiene visitas: es acaba en un contrato firmado.»

Una pregunta de negocio vaga no tiene una respuesta buena; hay que traducirla a preguntas que se puedan calcular. «¿Los destacados se alquilan más?» se rompe en piezas: cuántas visitas y contactos recibe un destacado frente a un normal (lo que quiere Gonzalo); de los contactos que recibe un anuncio, qué parte acaba en contrato (la tasa que importa); y, sobre todo, la que a Comercial se le olvida: de todo lo que entra por arriba del embudo, ¿qué parte sale por abajo como contrato, y mejora eso el destacado o no? Esa última es la pregunta que decide si el plan de Gonzalo tiene sentido. El resto de la semana es contestarla con datos que aguanten.

Este gesto —traducir una pregunta vaga a preguntas calculables— es el primer trabajo del analista y el que más se subestima. Antes de abrir una herramienta, antes de escribir una línea de código, te sientas y conviertes «¿funciona el destacado?» en una lista de preguntas donde cada una tiene una cifra y una operación detrás. Es como cuando un médico traduce «me encuentro mal» a preguntas concretas —¿fiebre?, ¿desde cuándo?, ¿dónde te duele?— antes de diagnosticar. Si te saltas este paso y vas directo a los datos, acabas calculando lo que es fácil de calcular en vez de lo que responde la pregunta, que es justo la trampa en la que ha caído toda la empresa: medir visitas porque son fáciles, en vez de contratos porque son los que importan. Una pregunta mal planteada no tiene una respuesta buena, por muy buena que sea tu técnica después.

El primer trabajo del analista: convertir una pregunta vaga en preguntas con una cifra y una operación detrás

Diego te lanza dos avisos por Slack nada más empezar, y los dos van a volver esta semana, así que apúntalos: uno, hay pisos republicados —una agencia da de baja un anuncio y lo vuelve a subir con otro identificador, así que el mismo piso te aparece dos veces; ojo al contarlos—. Y dos, cuando la fecha de respuesta de un contacto está vacía, no es un dato que falte: es que la agencia no contestó al inquilino; no lo borres, que ahí hay algo gordo. Guarda estas dos frases. La segunda, en concreto, es el hilo del que tira todo el caso.

### Qué se te pide, y qué no

Conviene tener claro el alcance para no perderte ni pasarte. No se te pide diseñar infraestructura, montar un pipeline que corra solo cada noche, ni construir el panel de Looker: eso es trabajo de ingeniería y de más adelante. Tampoco se te pide que decidas si se lanza el Premium —esa es decisión de Álvaro—. Lo que se te pide es explorar las exportaciones, limpiarlas con criterio, calcular bien las tasas del embudo, encontrar qué hace de verdad que un anuncio acabe en contrato, y contarlo de forma que la dirección pueda decidir. Es un encargo de análisis puro: de la pregunta de negocio al hallazgo, pasando por los datos. Ni más (no te pongas a montar sistemas) ni menos (no te limites a confirmarle las visitas a Gonzalo).

Y una parte del encargo que no está escrita en ningún sitio pero que Irene espera: que absorbas los cambios de alcance sin perder el hilo. Cristina te va a pedir «una cosita más» a mitad de semana, y saber decir que sí a lo razonable sin que se te descarríe el encargo principal es parte del trabajo. Un analista junior o bien dice que no a todo (y queda rígido) o bien dice que sí a todo (y no termina lo importante). El punto medio —«lo miro como observación rápida, pero el eje sigue siendo el destacado»— es criterio de oficio, y este caso te lo va a hacer practicar en directo. La habilidad no es solo técnica: es gestionar las expectativas de tres stakeholders con prioridades distintas sin quemarte ni quemar el encargo.

### Cómo será tu semana

Conviene que sepas la forma de la semana, porque un encargo de datos tiene un ritmo y saberlo te ayuda a no agobiarte cuando el jueves aún no tienes la respuesta. El lunes y el martes son de fontanería: cargar las exportaciones, entender qué hay, y limpiar la suciedad —lo que menos luce y más decide, porque un análisis sobre datos sucios no vale nada—. A partir del martes por la tarde empiezas a calcular sobre datos ya limpios: el miércoles montas el embudo entero y confirmas la superficie, el jueves es el día en que, si hay algo escondido, aparece, y el viernes conviertes lo que encontraste en gráficos y una recomendación para la demo con Álvaro. No esperes el hallazgo el lunes: el lunes ni siquiera sabes qué tienes. Los descubrimientos llegan cuando los datos están limpios y empiezas a compararlos, no antes.

La forma de la semana: la fontanería (limpiar) va primero, el hallazgo llega el jueves cuando los datos ya están limpios, y el viernes se cuenta

Irene te marca puntos de control por el camino —un rato el miércoles y otro el jueves— para revisar cómo va, y esta vez con más autonomía que en tus primeras semanas: no espera que le preguntes cómo se hace un groupby, espera que diseñes tú el análisis, lo hagas, y le lleves una respuesta que aguante. Su frase de arranque lo resume: «Ya sabes limpiar y cruzar. Este encargo tiene una decisión de producto encima. No quiero que me preguntes cómo se calcula una tasa; quiero que decidas tú qué tasas importan, las calcules bien, y me traigas una respuesta que no se caiga a la primera pregunta. Pregúntame lo que de verdad no sepas del negocio.» Ese es el nivel: menos andamiaje, más criterio propio, y la responsabilidad de encuadrar tú el problema.

Cuidado con la presión de Gonzalo para darle un número «ya». Un stakeholder con prisa es legítimo —tiene un comité el viernes—, pero su prisa no puede fijar tu método. Si el martes le confirmas «sí, el destacado dobla las visitas» y él lo lleva al comité como «el destacado funciona, lo aprobamos», te habrás convertido en la fuente de una decisión a medio cocinar. La respuesta profesional a «¿me lo confirmas ya?» no es negarse ni ceder, es acotar: «te confirmo que dobla las visitas, eso es cierto; dame hasta el jueves antes de cerrar nada, que quiero ver cuántos de esos contactos acaban en contrato». Comprar el tiempo justo para hacerlo bien, sin bloquear al que espera, es una habilidad de oficio tan importante como el SQL.

Con el negocio entendido, el equipo situado y el encargo traducido a preguntas, ya tienes el mapa. Lo que falta es el terreno: siete exportaciones esperando en la carpeta compartida, sucias como todas. Antes de calcular una sola tasa hay que abrirlas y ver qué hay dentro de verdad, porque calcular sobre lo que imaginas que hay es la forma más rápida de traer a la demo del viernes un número equivocado con mucha seguridad.

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