lección 1
Bienvenida a Ampara
Séptimo encargo, sector nuevo: una compañía de seguros digital que suscribe sus propias pólizas. Conoce la empresa, cómo gana dinero de verdad (el margen técnico que deja cada póliza, no cuánta prima suscribe ni cuántas pólizas firma), por qué el canal de comparadores que arrasa en pólizas y prima puede ser una trampa, el equipo, tu rol y el stack pieza a pieza. Y la regla que ordena la semana: suscribir prima no es dejar margen, y captar barato no es buen negocio si esa gente cuesta más de lo que paga.
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### Lunes, 10:00. Séptimo encargo, y este va de seguros
Ya no eres el analista de la primera semana. Traes seis encargos a la espalda: una tienda de moda online, un juego para el móvil, un portal de alquiler de pisos, una cadena de gimnasios por suscripción, un operador de cocinas que reparten a domicilio y una plataforma de cursos online. De cada uno saliste con la misma lección por caminos distintos: que un fichero nunca llega tan limpio como promete, que una media puede esconder dos historias opuestas, que la pregunta que te hacen casi nunca es la pregunta que hay que responder, y que un canal que arrasa en la foto de arriba puede estar hundiéndose por debajo. Todo eso lo llevas puesto, y esta semana lo vas a necesitar entero. Lo nuevo es el negocio: Ampara es una compañía de seguros digital, y un seguro no se parece a una tienda, ni a una suscripción de cursos, ni a nada de lo anterior. Aquí el dinero no está en cuántas pólizas se firman ni en cuánta prima se cobra: está en lo que sobra de esa prima después de pagar los siniestros, los gastos y lo que costó captar al cliente, y en si ese cliente renueva. Esta lección no lleva una sola línea de código, y es a propósito: si no entiendes primero cómo respira una aseguradora, acabarás midiendo lo cómodo —cuánta prima entra— en lugar de lo que decide la caja.
Ampara nació en 2020 en Madrid, fundada por Marta Belmonte, ingeniera con paso por una aseguradora tradicional, harta de que contratar un seguro fuera un vía crucis de llamadas, papeles y letra pequeña. Su apuesta fue una aseguradora nativa digital: contratas en minutos desde el móvil, ves tu póliza clara, abres un siniestro con una foto y lo sigues como si fuera un pedido. Nada de agentes de corbata ni de esperar tres semanas por un perito. La idea era ganar por experiencia y por eficiencia, no por confundir al cliente. Funcionó: en cuatro años Ampara pasó de un solo ramo (auto) a cinco —auto, hogar, salud, vida y el recién llegado, mascotas—, con app propia, siniestros digitales y una cartera de unas 90.000 pólizas vigentes. Hoy es una insurtech mediana, una empresa de tecnología aplicada a los seguros, que compite por precio y por experiencia.
### Qué significa que Ampara «suscribe» sus propias pólizas
Antes de nada, una distinción que lo cambia todo y que mucha gente confunde. Ampara no es un comparador ni un corredor: no te enseña ofertas de otras compañías ni te coloca la de un tercero a cambio de una comisión. Ampara suscribe el riesgo, que en el lenguaje del sector significa que asume ella el compromiso: cobra la prima —lo que pagas al año por estar asegurado— y, si te pasa algo cubierto, es Ampara quien paga el siniestro de su propio bolsillo. Suscribir, aquí, es aceptar un riesgo a cambio de una prima. Eso convierte a Ampara en algo muy distinto de una tienda: cuando vendes una camiseta, cobras y se acabó; cuando suscribes una póliza, cobras una prima y te quedas con una promesa abierta que puede costarte mucho más de lo que cobraste. El negocio no está en firmar la póliza: está en que la prima cubra lo que esa póliza acabe costando.
Guárdate esta frase, porque es la idea madre de la semana y todo lo demás cuelga de ella: Ampara gana dinero con lo que sobra de la prima después de pagar el siniestro, el gasto y la captación, no con el hecho de firmar una póliza. Imagina dos pólizas. La primera entra por un comparador, con una prima alta de 480 €, de un conductor que a los tres meses tiene un golpe que cuesta 900 € y que al año se va a otra compañía porque encontró una oferta cinco euros más barata. La segunda llega recomendada por un cliente contento, paga 450 €, no siniestra en todo el año y renueva. Las dos cuentan igual en el panel de prima suscrita: son «dos pólizas, 930 € de prima». Pero la primera deja pérdidas —cobraste 480 y pagaste 900, y encima se fue— y la segunda deja margen. Esa cifra —lo que sobra de la prima cuando has pagado todo lo que la póliza cuesta— tiene un nombre que vas a oír mil veces esta semana: el margen técnico.
El margen técnico se construye con cuatro piezas, y conviene tenerlas claras desde hoy aunque no calcules ninguna todavía. La primera es el loss ratio (la siniestralidad): de cada euro de prima, cuántos céntimos se van en pagar siniestros. Un loss ratio del 80% significa que de cada 100 € de prima, 80 € se van en siniestros y solo quedan 20 para todo lo demás. La segunda pieza son los gastos de gestión: peritos, atención, administración, la maquinaria de la casa (en Ampara rondan un 22% constante de la prima, una simplificación que usaremos toda la semana). La tercera es el coste de captación, el CAC (del inglés customer acquisition cost, coste de adquisición de cliente): cuánto costó de media traer esa póliza, en comisiones, fees de comparador, campañas o recompensas de referido. Y la cuarta es la retención: si el cliente renueva, porque el coste de captarlo solo se recupera si se queda más de un año.
Cuando juntas siniestros, gastos y captación y los comparas con la prima, sale el combined ratio: la suma de todo lo que cuesta una póliza dividida entre la prima que paga. Si el combined ratio está por debajo del 100%, la póliza deja margen; si pasa del 100%, la póliza cuesta más de lo que ingresa y pierde dinero en la suscripción. Es el termómetro de una aseguradora: por encima de 100 estás perdiendo, por mucha prima que suscribas. Un combined ratio del 107% quiere decir que por cada 100 € de prima, gastas 107. No hace falta ser actuario para ver que eso no es un negocio: es una fuga.
Repite conmigo la idea de fondo, porque es toda la semana: suscribir prima no es dejar margen, y captar barato no es buen negocio si esa gente cuesta más de lo que paga. En una tienda, quien pasa por caja ya te dejó su margen y ahí acaba la historia. En un seguro no: la póliza es una promesa abierta, y la mayor parte de lo que decide si ganaste o perdiste llega después, cuando el cliente siniestra o cuando renueva. Por eso la métrica que enamora —cuánta prima suscribes y a qué coste de captación— es la que menos decide, y la que decide —cuánto margen deja cada póliza a lo largo del tiempo— vive escondida en otras tablas. Suscribir mucha prima que se va en siniestros no es crecer: es acumular riesgo mal pagado que estalla dos años después.
### De dónde viene el seguro: un fondo común para repartir la mala suerte
Para entender por qué el margen técnico manda, ayuda saber de dónde sale la idea del seguro, que es más vieja que las hojas de cálculo y que los ordenadores. Hace tres siglos, en un café de Londres llamado Lloyd's, los dueños de barcos y los comerciantes se juntaban a repartirse un riesgo que ninguno podía asumir solo: si un barco se hundía con su carga, el dueño se arruinaba. La solución fue genial por lo simple: muchos ponían un poco de dinero en un fondo común, y cuando a uno le tocaba la desgracia, el fondo pagaba. Nadie sabía a quién le iba a tocar, pero entre todos cubrían al desafortunado. Eso es un seguro, y sigue siéndolo hoy: un fondo común donde muchos pagan una prima y unos pocos, los que sufren un siniestro, cobran de ese fondo.
La consecuencia de esta idea es la que gobierna tu semana. El fondo solo funciona si el dinero que entra (las primas de todos) cubre el dinero que sale (los siniestros de los desafortunados), más lo que cuesta gestionarlo y traer a la gente. Si entran clientes que siniestran más de lo que pagan, el fondo se vacía, y para taparlo hay que subir la prima de todos o cerrar. Por eso una aseguradora no puede aceptar cualquier riesgo a cualquier precio: tiene que suscribir con criterio, cobrando a cada uno una prima acorde a lo que probablemente costará cubrirlo. Cuando ese equilibrio se rompe —cuando un canal mete en el fondo a gente que cuesta más de lo que aporta—, el fondo entero se resiente, aunque en el panel de crecimiento se vea lleno.
Hay un fenómeno con nombre que vas a ver en acción esta semana y que conviene tener presente desde ya: la selección adversa. Ocurre cuando el precio bajo atrae precisamente a los peores riesgos. Piénsalo así: si vendes el seguro más barato del mercado, ¿quién viene corriendo a comprarlo? El que sabe que lo va a necesitar, el que conduce mal, el que ya tiene un problema, el que compara diez ofertas y salta a la más barata cada año sin fidelidad ninguna. El buen riesgo —el conductor prudente que no cambia de compañía— no anda cazando el euro más barato. Un canal que capta bajando el precio corre el peligro de llenarse de mala selección: mucha gente, sí, pero la que más siniestra y menos se queda. Guarda el término, porque es el motor oculto de todo el caso.
Consejo de senior: en seguros, «vender mucho y barato» no es una virtud automática como en una tienda, sino una señal de alarma que hay que investigar. En una tienda, cada venta deja su margen y punto. En un seguro, cada póliza barata puede ser un riesgo mal pagado que te costará dinero durante años. Cuando oigas a alguien celebrar «hemos crecido un 40% en pólizas», tu reflejo de analista debe ser preguntar «¿y qué loss ratio y qué renovación tiene ese 40%?». Crecer en volumen sin mirar la calidad del riesgo es la forma más rápida de quebrar despacio.
### La apuesta que divide al equipo
Aquí está el nudo de tu encargo. Ampara tiene un canal de captación que arrasa: los comparadores, los agregadores de precio donde el usuario mete sus datos y le salen diez ofertas ordenadas de más barata a más cara. Un canal de captación es la vía por la que llega una póliza nueva: un comparador, la web y app propias (lo que se llama directo), una red de mediadores (corredores y agentes que colocan las pólizas), un acuerdo de bancaseguros con un banco (banca), o una recomendación de otro cliente (referido). El comparador es el que más pólizas nuevas trae, de calle: cuatro de cada diez. Y es el de la prima media más alta, el que más prima suscrita aporta, y encima el más barato por póliza: su CAC es el más bajo de todos.
Álex Cordero, el Head de Distribución y Growth —el área que se dedica a hacer crecer la cartera de clientes—, lo tiene clarísimo: los comparadores son la mina de oro. Más pólizas que ningún canal, la prima media más alta, la mayor prima suscrita total y el CAC más bajo. En los cuadros de mando de crecimiento son la estrella indiscutible. Quiere volcar el presupuesto de captación del año que viene en escalar los comparadores: más acuerdos con agregadores, bajar precio para subir en el ranking del comparador. Y los números de superficie le dan la razón sin discusión: por pólizas, por prima y por CAC, los comparadores ganan de calle. Pero hay una pregunta que nadie ha comprobado del todo, y es justo la que suena tonta: cuando pasan los meses, la póliza que entró por un comparador, ¿siniestra poco y renueva, o cuesta más en siniestros de lo que paga y encima se va?
Marta, la CEO, tiene que firmar cómo se reparte el presupuesto de captación del año y qué política de precios se aplica a cada canal antes de cerrar el plan. Y antes de gastarse el dinero quiere una respuesta a esa pregunta. No busca darle la razón a Álex ni quitársela: busca no equivocarse con un presupuesto que, si se va detrás de prima que se evapora en siniestros, es dinero tirado. Ese es tu encargo. Fíjate en que nadie te ha pedido todavía lo que de verdad importa: te han pedido «confírmame el CAC por canal», que es justo el número que engaña, porque el CAC bajo del comparador es una de las cuatro caras de su espejismo.
### Del corredor de corbata al seguro en el móvil: por qué existe tu puesto
Vale la pena saber de dónde viene este negocio, porque explica por qué hay un analista sentado donde tú estás. Durante décadas, un seguro se vendía cara a cara: un corredor de confianza en su oficina, que conocía a su cliente, le colocaba la póliza y cobraba su comisión año tras año. El éxito se medía en pólizas colocadas y en prima suscrita, y quién siniestraba y quién se iba era un asunto que se veía tarde, en los libros de la compañía, cuando ya estaba hecho. La aseguradora tradicional vivía cómoda con esa foto: mucha prima entrando, y la cuenta de resultados de los siniestros llegando con dos años de retraso.
La venta digital y los comparadores le dieron la vuelta a todo. Cuando el cliente contrata en treinta segundos desde el móvil y compara diez precios de un vistazo, la lealtad desaparece: se va con quien le baje cinco euros. De repente, captar dejó de ser el problema —captar es fácil y barato en un comparador— y el problema pasó a ser a quién captas: si atraes cazadores de precio que siniestran mucho y se van, cuanto más creces, más pierdes. Ese giro es el que creó tu puesto. Ya no basta con un director comercial que mira la prima suscrita: hace falta alguien que cruce por dónde entró cada póliza, cuánto paga, cuánto ha costado en siniestros y si ha renovado, y que sepa decir qué canal deja margen y cuál lo destruye. Ese alguien eres tú.
Lo cuento porque te dice qué se valora en tu puesto y qué no. No te contrataron para sacar cuánta prima se suscribió este mes: eso lo da cualquier panel y no decide nada. Te contrataron para responder la pregunta que el panel de crecimiento no sabe responder: de todas las pólizas que entran, ¿cuáles dejan margen, cuáles lo destruyen, y por qué canal llegan? Las herramientas cambiarán con los años; la pregunta, mientras haya una aseguradora que vive del margen técnico, no cambia.
Conviene también entender con quién compartes el trabajo, porque en una aseguradora el analista no está solo: convive con los actuarios. El actuario es el profesional clásico del sector, el que calcula las primas y las reservas con modelos estadísticos y una formación específica de años. Durante mucho tiempo, el actuario era el único que tocaba los números del riesgo. Lo que ha cambiado, y lo que explica que Ampara tenga un equipo de datos además de actuarios, es la velocidad y la variedad de las fuentes: hoy hay que cruzar en días exportaciones de cinco sistemas para responder preguntas de negocio que ayer tardaban meses, y ese cruce ágil, ese explorar y limpiar y desagregar por canal, es tu terreno. Tú y el actuario miráis el mismo riesgo desde dos ángulos: él con el rigor del modelo a largo plazo, tú con la agilidad de cruzar datos para una decisión que hay que tomar esta semana. Rubén, tu mentor, es actuario y lleva datos justamente porque habla los dos idiomas.
Esa convivencia te da una pista sobre cómo plantear el encargo. No vas a reinventar la ciencia actuarial ni a construir un modelo de tarificación: eso es de Lucía y su equipo. Tu trabajo es más inmediato y, esta semana, más decisivo: coger cinco fuentes que nadie ha juntado, cruzarlas por póliza y por canal, y contestar una pregunta de negocio concreta —qué canal deja margen— con números que aguanten. El actuario afina la prima de cada riesgo; tú dices por qué puerta entra el riesgo que no deja margen. Son dos oficios que se necesitan, y el analista que entiende dónde acaba su terreno y empieza el del actuario trabaja mejor con todos.
### Tu independencia es tu activo más valioso
Antes de seguir, una idea que va a definir cómo trabajas esta semana. En este encargo tienes, de hecho, tres voces tirando de ti en direcciones distintas. Álex, el Head de Distribución, quiere que le confirmes que los comparadores son el canal a escalar, porque es su plan y su comité. Rubén, tu mentor y lead de analítica y actuarial, quiere que descubras la verdad, sea la que sea, y te suelta la mano del todo. Y Lucía, la Head de Suscripción, te va a cambiar el encargo a media semana y a traerte una corazonada que parece competir con lo que encuentres. La tentación de darle a Álex el número que quiere es enorme: es simpático, tiene prisa, te lo pide con buenas formas, y las pólizas, la prima y el CAC del comparador le dan la razón a primera vista. Ese es el camino sin fricción. Pero en el momento en que un analista empieza a producir los números que agradan a quien se los pide, deja de valer para nada: se convierte en una fábrica de justificaciones con pinta de rigor.
Tu valor no está en calcular —eso lo hace un programa—, sino en que se pueda confiar en que tu número es el número, venga bien o mal a quien manda. Esa confianza es frágil y se construye diciendo verdades incómodas con datos que aguantan. A la larga te respetan más por ello, incluso quienes al principio no querían oírlo. Guarda esta idea como el norte de la semana: tu trabajo no es tener contento a Álex, es que Ampara reparta bien el presupuesto del año y no se cargue de riesgo mal pagado.
### El equipo con el que vas a trabajar
Rubén Ortega es tu mentor, lead de analítica y actuarial data: actuario de formación, quince años viendo a compañías enamorarse del volumen de prima sin mirar si esa prima cubría los siniestros. Es pragmático y exigente, y esta vez te suelta la mano del todo: no te va a explicar qué es un loss ratio ni por dónde empezar, ni siquiera te va a dar la definición de la métrica central. Te da el contexto y las restricciones y espera que decidas tú el enfoque entero, incluida qué es el «margen» de un canal, y que lo defiendas ante Marta. Su manía: cuando le llevas un recuento de pólizas o una cifra de prima, pregunta «¿y esos clientes cuánto te cuestan en siniestros, y cuántos siguen al año?».
Álex Cordero, Head de Distribución y Growth, es tu stakeholder principal: enérgico, convincente, con la conclusión antes del análisis. Mide el éxito en pólizas nuevas, prima suscrita y CAC, y por esos números los comparadores ganan de calle, así que quiere meterles el presupuesto entero. No es mala gente: mide lo que su área mide. Lucía Vega, Head de Producto y Suscripción, es la dueña de la política de riesgo, y te va a cambiar el alcance a media semana porque a ella también se lo cambian; trae una corazonada fuerte que hay que tomarse en serio y luego descartar con datos: cree que si los comparadores salen mal es «porque venden sobre todo auto, el ramo que más siniestra». Hugo Ferrer es tu compañero analista, tu apoyo del día a día: conoce cada trampa de las exportaciones y te avisa de las que nadie escucha. Y Marta Belmonte, la CEO, es la audiencia de la demo del viernes: quiere la decisión de presupuesto, no el detalle técnico, y después de cada gráfico pregunta «¿y eso en margen por póliza cuánto es?».
### El stack: con qué trabaja Ampara y con qué trabajas tú
Antes de tocar nada, conviene saber qué herramienta hace cada cosa en Ampara, porque el encargo cruza justo las fuentes que en el día a día están separadas. El core de pólizas (el policy admin) corre sobre Node.js y PostgreSQL, desarrollo propio: es donde vive cada póliza, con su cliente, su ramo, su canal, su prima, sus fechas de efecto y vencimiento, su estado y sus renovaciones. De ahí salen las pólizas. La plataforma de siniestros (claims) gestiona la apertura, el peritaje, el pago o el rechazo de cada siniestro, integrada con peritos externos: de ahí salen los siniestros, con su importe y su fecha de cierre —o sin ella, si sigue abierto—. Los cobros van por Stripe más domiciliación bancaria, y ahí aparece la primera trampa: los reintentos del webhook duplican registros.
La captación y atribución se reparte entre acuerdos con comparadores, Google Ads, Meta Ads, la red de mediadores, el acuerdo de bancaseguros y el programa de referidos: cada póliza se atribuye a un canal, y si lo hubo, a un mediador y a una campaña. De ahí salen las campañas con su coste. Todo acaba en un almacén de datos, Snowflake, del que salen las exportaciones a CSV que vas a recibir. Y para los cuadros de mando «oficiales» que mira Distribución cada día está Power BI: pólizas por canal, prima suscrita, CAC y loss ratio global. Tú, en cambio, trabajas en Python (Pandas y seaborn) y SQL, que es lo que usa el equipo de datos para cruzar las exportaciones y calcular lo que el panel no calcula.
Consejo de senior: Power BI no es tu enemigo ni una herramienta de segunda; es la herramienta correcta para enseñar cada mañana lo que ya sabes preguntar. El problema es que sus paneles muestran justo lo que engaña —pólizas, prima suscrita, CAC y loss ratio global— y no juntan las cinco fuentes que necesitas. Para un encargo que cruza pólizas, siniestros, cobros, mediadores y renovaciones hay que bajar a los datos crudos, unirlos a mano y construir el margen técnico por canal. Eso se hace en Python y SQL. Cuando una cifra está validada, se lleva al panel. Esta semana te quedas en la exploración: Pandas, SQL y seaborn.
Los datos que vas a recibir vienen de cinco fuentes distintas (el core de pólizas, la plataforma de siniestros, Stripe, las herramientas de captación y el almacén), y cada una exporta a su manera. Habrá fechas en tres formatos —una con el mes en inglés—, primas e importes con el símbolo del euro y coma, descuentos con el símbolo de porcentaje, canales y ramos y estados escritos de mil maneras, cobros duplicados por reintentos de la pasarela y siniestros duplicados por reapertura. Y dos vacíos que NO son errores: una póliza sin mediador es una venta digital (comparador, web, app), no un dato roto; y un siniestro sin fecha de cierre es un siniestro abierto, aún en trámite, que sigue costando. Tratar mal esos dos vacíos puede invertir tu análisis. No calcules nada el primer día: primero entérate de a qué te enfrentas.
### Lo que ya sabes hacer… y lo que aún no sabes si es verdad
Cierras la reunión de arranque con el problema encuadrado y una lista de preguntas que decides tú, porque Rubén no te ha dado ninguna estructura: cuántas pólizas y cuánta prima suscrita trae cada canal y a qué CAC (lo de Álex), cuánto cuesta cubrir a esos clientes (loss ratio y combined ratio), cuántos renuevan, cuánto margen deja de media cada póliza, y de todo el margen que dejan las pólizas de Ampara, qué parte pone cada canal y si hay alguno que en vez de sumar reste. Sabes limpiar, cruzar tablas, desagregar una métrica global y descartar una confusión: eso lo traes de los seis encargos anteriores. Lo que aún no sabes es si el titular del comparador —«es el que más trae, con la prima más alta y al menor coste»— sobrevive cuando dejas de mirar lo que entra y empiezas a mirar lo que cuesta. Esa es toda la semana, y empieza mañana bajando a los datos: siete ficheros, cinco fuentes, y la promesa de que ninguno llega tan limpio como parece.
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